1. monas-pictures ha respondido a tu set de fotos “El lugar donde me encuentro…”

    So beautiful :-)

    Thank you ;)

     

  2. que envidia de atardecer!

    … realmente expectacular!! y cada día es distinto, aunque parezcan iguales. Es el cine del atardecer, con distintas funciones…

     
  3. El lugar donde me encuentro…

     
  4. Punta Umbría, Huelva

     
  5. Punta Umbría al atardecer…

     
  6. Carvoeiro el verano pasado…

     

  7. "Lasciami un motivo per comprendere la tua assenza,
    questa tua mancanza che viene a farmi compagnia
    questa noia che mi assale e non mi lascia più.
    Dammi un motivo per smettere di sperare
    di ritrovare ciò che vedevo in te
    e che ancora ora sento dentro di me.
    Dammi un motivo per spogliarmi dei tuoi ricordi,
    ma non lasciare che il sia il silenzio a farmi male."
    — Bissen Gange
     

  8. Conil

    Mi pasión por los camping vino a consecuencia de las múltiples competiciones veraniegas que me hacían recorrer parte de Andalucía. Era una forma eficaz y barata de tener distintas vacaciones en distintos puntos, y a la vez, continuar con el atletismo en verano.

    Por aquel entonces, todo estaba más dirigido a la competición y menos al resto de cosas que aportan un camping.

    Con el tiempo, fidelicé las visitas estivales a los camping -más concretamente a Conil de la Frontera, del que me impactó esos paisajes, esas calas y esos atardeceres-, y mejoré sustancialmente la forma en que pasaba la semana, o semana y media allí.

    La tienda era grande, me hacía de suelo y techo para evitar pisar en tierra o para que no me diera exceso de sol, contaba con puntos de luz, televisión, nevera, mesa, sillas, barbacoa y por supuesto, algo de alcohol, pipas, hielos, sardinas, y demás cosas que hacen que un verano sea especial.

    Lo que más me gusta de los camping es que de algún modo hacias tu propia a casa, con tus propias manos y a tu gusto, y cuando te ibas mirabas el lugar donde habías pasado esos días y pensabas en que de algún modo esa tierra para toda la vida tendría algo de ti, y ya no iba a a ser la misma -y no me refiero a la basura, que por cierto, suelo ser bastante limpio-.

    Tener a su vez una puerta estilo ventanal de tienda de camping, donde poder observar el sol como se va o como regresa, o escuchar “in situ” el nuevo día por los pájaros que conviven cerca de ti, y esa brisa de mañana que te anuncia que tienes un nuevo y bonito día, sin duda hacen de un camping un lugar muy especial.

    El año que decidí ir en Agosto, no iba a ser diferente, exceptuando que Conil con el paso del tiempo ha dejado de ser para unos cuantos, para ser para unos muchos bastantes, y aquella tranquilidad idílica de un lugar de playa como el que era Conil, pasó a ser un lugar saturado, ruidoso y con una alta dificultad para aparcar, tomarse una cerveza en cualquier bar o leer tranquilamente un periódico en la fresca mañana, tomando plácidamente un café.

    Ese año en el camping, mi espacio era colindante a un familia de étnia gitana. Éstos eran gitanos trabadores, integrados completamente en la sociedad. Educados, no tan ruidosos como se les espera -todo el mundo sabe de su gran afición por el cante flamenco, la rumba y el baile- y en general buenos vecinos.

    Al otro lado, un gigantesco mamotreto -que no criado por su abuela- en especie de carabana alemana aparcó en su espacio, en parte del mio, y en parte de la familia gitana.

    Pase que llegas despistado y a veces, los espacios los descoordinas, hasta que te encuentras. Pase que la carabana la ubicó dándome a la parte de atrás, con lo que me privó de luz, aire y vista, pero lo que ya era inconcedible es que nuestro espacio estuviera siendo usurpado de manera ilógica e irracional, sin permiso ni educación a lo largo de los días.

    El gitano, que días antes había visto rezumar quejas en bajito porque no quería problemas con los nuevos inquilinos alemanes, usó la lógica de pedir opinión hacia mi, también víctima de los germanos, argumentando que todos los años iba a otro camping también de la zona, y que la única cosa que les había hecho dejar de ir era el olor a pino tan característico -según él- en los cementerios.

    Ya se sabe, la etnia gitana tienen una exquisita educación por sus muertos, velándoles durante varios días cuando el fallecido es reciente, visitando a menudo los seres queridos que se marcharon con anterioridad, y formando una fiesta el día de los difuntos. Y es que un gitano respeta a sus vivos, tanto como a sus muertos.

    Es curioso, ya que ahora, que vivo cerca del mar, y cerca de enebrales y pinos piñoneros, a mi, sin embargo, me recuerda a mis largas vacaciones anuales en el camping, y es que somos bichos de costumbres. Una canción, una calle, un olor o una palabra nos hace viajar en la mente, a veces a lugares tan bellos que el hombre no puede construir.

    Quisimos hacerle llegar, en forma de comunión de afectados, nuestra queja de espacio a la familia alemana. Además de no tener mucha idea del castellano, tampoco tenían idea de educación, sin duda.

    No movieron un dedo por solucionar el problema, excetuando el aire que casi se cortaba de crispación por su parte, por no entender que le hubiésemos pedido nuestro espacio, por no tener el permiso de uso, aunque tan sólo sea para dejarlo libre.

    Al día siguiente, recogieron los bártulos muy temprano. Para cuando nos despertamos, se habían marchado.

    De seguro los españoles para ellos seríamos unos malos educados, para mi, ni por ser alemán eres educado, ni por ser gitano eres mal educado, ni por ser español eres bobo -aunque a veces, algunos se empeñen en demostrarlo-.

     
  9. Punta Umbría (Huelva)

     
  10. Punta Umbría (Huelva)